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Rimas de Becquer

Becquer Rimas
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RIMA XLIX

Alguna vez la encuentro por el mundo,

 y pasa junto a mí; 

y pasa sonriéndose, y yo digo:

 —¿Cómo puede reír? 

Luego asoma a mi labio otra sonrisa,

 máscara del dolor, 

y entonces pienso: —Acaso ella se ríe,

 como me río yo. 

RIMA XXXVII

Antes que tú me moriré; escondido en las entrañas ya el hierro llevo con que abrió tu mano la ancha herida mortal.

Antes que tú me moriré; y mi espíritu, en su empeño tenaz, se sentará a las puertas de la muerte, esperándote allá.

Con las horas los días, con los días los años volarán, y a aquella puerta llamarás al cabo... ¿Quién deja de llamar?

Entonces, que tu culpa y tus despojos la tierra guardará, lavándote en las ondas de la muerte como en otro Jordán;

allí donde el murmullo de la vida temblando a morir va, como la ola que a la playa viene silenciosa a expirar;

allí donde el sepulcro que se cierra abre una eternidad, todo cuanto los dos hemos callado, allí lo hemos de hablar.

RIMA XXII

¿Cómo vive esa rosa que has prendido

 junto a tu corazón? 

Nunca hasta ahora contemplé en el mundo

 junto al volcán la flor. 

RIMA XXXIX

¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable, es altanera y vana y caprichosa; antes que el sentimiento de su alma, brotará el agua de la estéril roca.

Sé que en su corazón, nido de sierpes, no hay una fibra que al amor responda; que es una estatua inanimada..., pero...

 ¡es tan hermosa! 

RIMA XXX

Asomaba a sus ojos una lágrima y a mi labio una frase de perdón; habló el orgullo y se enjugó su llanto, y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino; ella, por otro; pero, al pensar en nuestro mutuo amor, yo digo aún: —¿Por qué callé aquel día? Y ella dirá: —¿Por qué no lloré yo?

RIMA XVII

Hoy la tierra y los cielos me sonríen, hoy llega al fondo de mi alma el sol, hoy la he visto... La he visto y me ha mirado...

 ¡Hoy creo en Dios! 

RIMA XXXV

¡No me admiró tu olvido! Aunque de un día, me admiró tu cariño mucho más; porque lo que hay en mí que vale algo, eso... ni lo pudiste sospechar.

RIMA XX

Sabe, si alguna vez tus labios rojos quema invisible atmósfera abrasada, que el alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada.

RIMA LXIX

¡La vida es sueño!

Calderón.

Al brillar un relámpago nacemos, y aún dura su fulgor cuando morimos; ¡tan corto es el vivir!

La Gloria y el Amor tras que corremos sombras de un sueño son que perseguimos; ¡despertar es morir!

RIMA XXI

—¿Qué es poesía?, dices, mientras clavas en mi pupila tu pupila azul, ¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas? Poesía... eres tú.

RIMA XII

Porque son, niña, tus ojos verdes como el mar, te quejas; verdes los tienen las náyades, verdes los tuvo Minerva, y verdes son las pupilas de las hourís del Profeta.

El verde es gala y ornato del bosque en la primavera; entre sus siete colores brillante el Iris lo ostenta, las esmeraldas son verdes; verde el color del que espera, y las ondas del océano y el laurel de los poetas.

Es tu mejilla temprana rosa de escarcha cubierta, en que el carmín de los pétalos se ve al través de las perlas.

Y sin embargo, sé que te quejas porque tus ojos crees que la afean, pues no lo creas.

Que parecen sus pupilas húmedas, verdes e inquietas, tempranas hojas de almendro que al soplo del aire tiemblan.

Es tu boca de rubíes purpúrea granada abierta que en el estío convida a apagar la sed con ella,

Y sin embargo, sé que te quejas porque tus ojos crees que la afean, pues no lo creas.

Que parecen, si enojada tus pupilas centellean, las olas del mar que rompen en las cantábricas peñas.

Es tu frente que corona, crespo el oro en ancha trenza, nevada cumbre en que el día su postrera luz refleja.

Y sin embargo, sé que te quejas porque tus ojos crees que la afean: pues no lo creas.

Que entre las rubias pestañas, junto a las sienes semejan broches de esmeralda y oro que un blanco armiño sujetan.

 * 

Porque son, niña, tus ojos verdes como el mar te quejas; quizás, si negros o azules se tornasen, lo sintieras.

22 Apr, 2015
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