Maratón de las Pastoras de Portudera

Crónica de la maratón de montaña "más dura del mundo"
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Prólogo

El Trail de las Pastoras de Portudera nace hace 3 años como kilómetro vertical, como merecido homenaje a las mujeres de Cabrales que ejercían el pastoreo por la zona de Picos de Europa. Tras dos años creciendo en distancia y dificultad (del Km. vertical pasó a ser un Trail y luego aumentaron el recorrido), este 2016 estrenaba la distancia maratón, con unas características en desnivel acumulado (8.800 metros) y tecnicidad, que hacían que se comenzase a "vender" como la maratón de montaña más dura del mundo. 

Y dos semanas después de la original prueba de las 3 verticales, también organizada por Rubén Carvajal, Arenas de Cabrales se preparaba para otra fiesta del trail, con mayúsculas, porque también mayúsculo era el reto de la maratón de Portudera.

Empieza el baile

Reconozco públicamente que cuando me comentaron el año pasado que Carvajal quería hacer una maratón con más de 8000 metros acumulados por Portudera lo que dije fue, literalmente, "que la corra él".

Pues a las 7 de la mañana del día 16 de abril estaba yo, junto con un montón de gente que seguro que pensaron en su día lo mismo, en la salida de esa Maratón.

Nervios, frontales encendidos, incertidumbre y un número de kilómetros indeterminado por delante, porque hubo que cambiar el recorrido sobre la marcha por la nieve y la lluvia.

Todos teníamos miedo al recorrido, pero las condiciones meteorológicas lo hacían más problemático aún. Mucha nieve en altura que nos iba a impedir subir al Cuetón, y mucho barro en las canales que prometían mucha guerra (y no imaginábamos cuanta).

Rubén Nembra y AC/DC nos animan la salida, y a su señal 400 participantes arrancamos una aventura en toda regla.

Los primeros metros son de calentamiento, aún con el sueño pegado a las piernas, y lloviendo, cuesta arrancar; con todo, tenemos 5 kilómetros tendidos para ir activándonos.

Después del primer avituallamiento (paro a beber agua que hasta el 17 no habrá más), empezamos la subida al Cuetón, que se hace muy dura porque ya llueve en serio y el frío arriba aprieta lo suyo; el final de la subida es una pala de nieve más practicable de lo previsto, no hace falta poner crampones, aunque todos los llevamos.

Empapado ya, y con las manos ateridas a pesar de los guantes, empiezo la bajada hacia el Cares, que será el siguiente punto de referencia. La primera parte de bajada se disfruta mucho, corriendo-esquiando por neveros blandos con buena huella. Pero cuando la nieve desaparece, aparece el barro.

Es complicado explicar lo frustrante que es intentar bajar por canales de hierba mojada y embarrada intentando tenerse en pie; una vez tras otra nos vamos al suelo todos, y la moral y las fuerzas se ven muy minadas por ese calvario de caer y levantarse, e intentar seguir bajando sin caer, y no conseguirlo.

Como anécdota, veo a un corredor que ha roto la malla en una caida, y lleva el culo, literalmente, al aire; pide a cada uno que se encuentra si lleva una malla de repuesto en la mochila; nadie lleva, claro.

Tras 4 horas de sufrimiento; y con un importante cabreo, llego al avituallamiento del aparcamiento del Cares. He invertido 4 horas en hacer 17 Km. voy muy lento y eso tampoco ayuda a mi buen humor.

El Aventón de las Palancas

En el avituallamento del Cares hay un montón de caras conocidas, que animan, apoyan y poco a poco recupero la alegría y la moral.

Dejo crampones, polainas y los guantes empapados, como un poco, relleno agua y miro hacia arriba; ya se lo que me espera, el temido Aventón de las Palancas.

El Aventón de las Palancas es una subida de 1008 metros verticales en una distancia de 1800 metros horizontales, lo que supone (si, es así) una media del 55% de pendiente positiva.

Aquí se me une mi amigo Sergio, fisio y montañero donde los haya, que está recuperando de una lesión, y que, a la postre, será mi salvador.

Tiro delante y las sensaciones son muy buenas, mi pulsómetro me va diciendo que voy en rango y las piernas van bien. Recupero moral y bastantes puestos.

El Aventón se hace largo y ya al final noto que me pesan las piernas; acabamos en una hora y media en la que Sergio no paró de hablar ni un momento, lo que agradecí para quitarle algo de hierro a la subida.

Portudera

Una vez acabada la principal dificultad de la carrera, tocaba lidiar con la sierra de Portudera, claro que aún quedaban 23 km para meta y mucha tela que cortar.

Ponerse a correr después de una hora y media de subida constante con ese desnivel tiene sus problemas, y al poco de empezar a trotar por la maravillosa zona de Portudera un calambre en el aductor izquierdo me hace pararme en seco.

Y aquí es donde Sergio me empieza a salvar la carrera; llevar un fisio contigo es lo que tiene, no todo el mundo puede presumir de ello. A base de masajes, estiramientos, y sales que compañeros que pasan me dan con esa camaradería que solo existe en este deporte, soy capaz de recuperar y continuar corriendo.

El tiempo quiere ayudar también, y sale el sol para calentar un poco y ayudarme a ponerme en marcha.

Es verdad que tener calambres así a 20 kilómetros de meta te llenan la cabeza de dudas, y pienso en la posibilidad de no poder terminar. Sea como sea, voy a intentarlo, aunque se que lo que queda es muy duro.

Justo antes de llegar a la majada de Tordín otro calambre en el mismo sitio vuelve a obligarme a parar, sentarme y que Sergio me ayude. Manu me adelanta y me da un ibuprofeno, y una vez más mi fisio de la guarda consigue que me levante y me ponga en marcha otra vez.

La bajada al avituallamiento de Entrejanu me sienta bien, poco a poco recupero sensaciones y las sales que me han dado son magia, así que llegamos, comemos y salimos pitando para Bierru; la que, para mi, es la zona más guapa de la carrera.

El problema es que Bierru está a 650 metros de altura, y tenemos que volver a Tordín, que está a más de 1200... así que tenemos una subida de casi 600 positivos antes de llegar al que será nuestro último tramo, el avituallamiento del kilómetro 31.

Bajar a la majada de Bierru supone un rosario de caídas en el barro, pero el bosque es precioso y la majada más aún. Comenzamos la subida y en seguida se nos unen varios compañeros preocupados por si iban a llegar a tiempo al corte. Les confirmamos que no hay corte y que vamos en tiempo, así que con alegría renovada atacamos la última de las grandes subidas de la carrera.

Como llevo un rato con las pulsaciones bajas (síntoma de cansancio alto) me tomo un gel para reactivar, la pierna parece que aguanta, así que tiramos y llegamos a Tordín con 9 horas y veinte minutos de carrera, avituallamos y nos encontramos con Fa (grande compi) que se nos une en la última parte.

El que se despide es Sergio, él no bajará hasta Arenas, aprovecha que está en Tordín para atajar y bajar directo al Cares a por el coche. Sin él estoy completamente seguro que no hubiera podido terminar, es un lujo tener amigos así, todo lo bueno que pueda decir de él, y lo que se lo pueda agradecer es poco. Sergi, te debo una muy gorda.

Así que con la niebla metida otra vez, y con la lluvia encima, salimos de Tordín para enfocar los últimos kilómetros por Portudera y acabar en Arenas de Cabrales por la odiada (y más hoy) senda de Caoru.

El Caoru y final

Esta parte de la carrera es bien conocida, es el final de Travesera, y es una zona en la que si tienes fuerzas se puede correr bastante, y también una zona en la que si vas mal te puede dar la puntilla.

Fa se ha adelantado un poco, así que dejo la compañía de mis colegas de subida a Tordín y me voy a por él.

Cuando llego el esfuerzo me pasa factura y vuelven los calambres, Fa me da una pastilla de sales y parece que la cosa remite, ha parado de llover aunque la niebla entra y sale, sin molestar mucho.

Bajamos a buen ritmo hasta alcanzar la entrada de la senda de Caoru.

Caoru es una antigua calzada romana de unos 3 kilómetros que te deja casi en Arenas de Cabrales. El problema es que es piedra pulida, y con el agua y el barro acumulado se convierte en una pista de patinaje, y a ninguno nos apetece terminar la carrera dándonos un sartenazo en una calzada de piedra...

Así que, como Carvajal dijo en la charla técnica, aprovechamos todos los atajos de Caoru, que tampoco es que estén muy practicables por el barro, pero por lo menos caemos en más blando.

En cuanto termina la calzada y llegamos al bosque aumento el ritmo y Fa me sigue bien, le damos zapatilla con la mente ya puesta en la meta, y en entrar, por lo menos, en 11 horas.

Pisar asfalto y entrar en Arenas es un placer, con el subidón de la recta final nos pegamos un sprint final como si nos persiguieran y entramos en las 11 horas previstas; muertos de agotamiento, pero felices como solo lo puedes estar cuando consigues lo que hasta hacía poco tiempo no creías tan posible.

Abrazos y felicitaciones, muchos compañeros esperando en la llegada, este deporte es así, llegues a la hora que llegues eres un ganador, porque lo has dado todo, porque has conseguido superar las dificultades y no te rendiste.

Y eso va por todos, porque 15 minutos después de entrar nosotros, una tormenta brutal hizo que neutralizaran la carrera y pilló a muchos aún en la bajada, entre ellos a Jorge, compañero de mi club Run04 Gijón. Con todo, consiguieron bajar y entrar, aunque ya no había donde, porque ya habían quitado la meta, no había arco, ni crono; daba igual, solo contaba cumplir el objetivo.

Una vez más, larga vida al trail, larga vida a Portudera, y como dice el amigo Rubén, una más para la buchaca.

Y para muestra, un vídeo muy chulo de Iñaki Lombardero

Algunos datos de "mi carrera"

  • Distancia: 41 kmts. (más o menos)
  • Desnivel acumulado: 8000 m. (aprox.)
  • Altura máxima: 1626 m.
  • Altura mínima: 139 m.
  • Calorías quemadas: 7000 (aprox.)
  • Frecuencia cardiaca media: 141
  • Tiempo: 11 horas

05 Oct, 2016
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