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José Lázaro Galdiano

Coleccionista, bibliófilo y editor
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José Lázaro Galdiano coleccionista

José Lázaro Galdiano

José Lázaro Galdiano nació en Beire (Navarra) en 1862 en el seno de una hacendada familia; cursó el bachillerato en Sos del Rey Católico para después seguir estudios de Derecho en Valladolid, Barcelona y Santiago de Compostela, obteniendo la licenciatura en esta última universidad. Se estableció en la Ciudad Condal en 1882, donde alternó sus estudios con el desempeño de un empleo en la secretaría del Banco de España y con su actividad como cronista de sociedad y crítico de arte en La Vanguardia. En Madrid emprendió su aventura editorial más destacada, La España Moderna (1889-1914), revista en la que colaboraron los literatos más destacados del momento –Pardo Bazán, Galdós, Clarín, Valera, Zorrilla, Campoamor, Menéndez Pelayo, Cánovas, Unamuno, entre otros muchos– y en cuya editorial, del mismo nombre, publicó clásicos de la literatura occidental nunca antes traducidos al español. Su temprana afición por los libros y el arte le llevó a convertirse en experto bibliófilo –Lázaro consiguió reunir una biblioteca de más de 20.000 volúmenes, entre manuscritos (cerca de 900) e impresos, que incluye ejemplares inestimables– e infatigable coleccionista de todo tipo de objetos artísticos, afición que también compaginó con su lucrativa faceta como marchante de arte.

En 1903 se casó en Roma con Paula Florido y Toledo, rica dama argentina, tres veces viuda, iniciando poco después, en 1904, la construcción de su residencia, Parque Florido, palacio destinado desde 1951 a museo de sus colecciones. Enviudó en 1932, año en que comienza a viajar solo y a residir durante años fuera de España, principalmente en París y Nueva York, capitales en las que formó nuevas colecciones luego incorporadas a la que había dejado en Madrid. Murió en su residencia de Parque Florido el 1 de diciembre de 1947 dejando como único heredero de todos sus bienes al Estado español. Un año después se creó la Fundación Lázaro Galdiano, entidad que gestiona el Museo, la Biblioteca, el Archivo y edita la prestigiosa revista de arte Goya.

José Lázaro Galdiano, coleccionista

Su inclinación por el arte comenzó en Barcelona, ciudad a la que llegó en 1882, y desde ese momento surgió su “pasión” por coleccionar que no cesaría a lo largo de toda su vida. A finales de 1888 Lázaro se trasladó a Madrid y aquí, junto a la actividad editorial, dedicó tiempo e ilusión en la formación de su gran colección de arte. Pronto encontró acomodo para su instalación en su residencia de la Cuesta de Santo Domingo, según Rubén Darío la mejor puesta que existía en España, y más tarde en la de la calle de Fomento. Poco después de contraer matrimonio en 1903 con Paula Florido, eficaz colaboradora en la conservación e incremento de sus colecciones, comenzó a construir Parque Florido, que se inauguró en 1909.

La Colección es la unión de las tres colecciones que reunió Lázaro durante más de sesenta años dedicados con tesón e ilusión a la búsqueda de obras artísticas hasta formar una Colección de colecciones de más de 12.600 piezas que el Museo guarda y exhibe desde 1951.

José Lázaro Galdiano, bibliofilo y editor

José Lázaro Galdiano fue uno de los más notables bibliófilos españoles de finales del siglo XIX y de la primera mitad del XX. Su colección de libros sólo se conocía en círculos de aficionados o libreros y, después de su muerte, únicamente algunos estudiosos e investigadores han consultado la Biblioteca de la Fundación que lleva su nombre. Por eso, hasta hace poco, esta afición, en la que obtuvo logros tan notables, era una de las facetas más desconocidas de su personalidad.

Podemos decir que merece el calificativo de bibliófilo no sólo por haber reunido un conjunto considerable de libros, sino también porque en él hallamos las notas que adornan al buen aficionado: la elección de ejemplares raros, bellos e interesantes, la conservación con exquisito cuidado de sus libros y, finalmente, por la suerte que ha corrido su biblioteca, permanecer unida, el logro más deseable para el buen bibliófilo. Gracias a una larga vida, medios económicos notables, conocimiento de la materia y verdadera pasión por los libros logró una biblioteca selecta y nutrida en una época en la que los grandes libreros y propietarios particulares acudieron a él ofreciéndole joyas bibliográficas que atesoró con veneración porque las consideraba reliquias de los grandes ingenios españoles y el reflejo de la estética de siglos pasados.

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