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El puente de Frías (Burgos).

El puente de la ciudad medieval de Frías se alza majestuoso sobre la lámina de agua que refleja la gran belleza arquitectónica del monumento.
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Llama la atención que haya conservado la torre central. Antiguamente era habitual la existencia de estas torres en los puentes ya que además de vigilar y controlar el paso de personas en momentos de guerra o peligro, se utilizaban como lugar donde se cobraba el peaje o pontazgo, un impuesto sobre el paso de personas y el comercio de mercancías, sin embargo pocas torres de este tipo se han conservado hasta hoy, muchas se desmocharon al desaparecer el cobro de estos impuestos, lo que da especial valor al puente de Frías.

El puente mide 143 metros de longitud. Era uno de los pasos principales que unían la meseta con la costa norte. Por aquí pasó buena parte del transporte de lana que desde la meseta se dirigía a los puertos vascos para su comercio.

El origen del puente es la antigua calzada romana que atravesaba el río. Posteriormente en la Edad Media (siglo XIII) el puente fue modificado totalmente, aprovechando inicialmente los soportes romanos sobre el río.

Tras disfrutar del puente y del paraje que lo rodea, es obligado visitar el pueblo de Frías, uno de los más bellos de Burgos.