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El boom de las camgirls rumanas

Krina ha charlado con varios usuarios hasta que uno ha contratado el show privado que ella está realizando ahora. Entre 2 y 9 euros por minuto pagará por es
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Como es que rumania se ha vuelto el pais rey de las webcam porno

Según nos cuentan, el cliente tipo es un varón de entre 40 y 60 años.

Los hay que se meten por curiosidad, porque no tienen tiempo para cultivar relaciones personales o porque sienten que engañan menos a sus esposas si el sexo es online. Una de las chicas asegura que hay usuarios ricos y famosos, de un conocido rapero norteamericano a un ganador del Premio Nobel o un jugador de la selección española de fútbol. 

Arriba, Bonie Blue, eslovaca apodada Supergirl; y, en la página siguiente, Krina y otra camgirl montan un show lésbico. Abajo, Adrian Ionescu onversa con varias de las chicas que trabajan en su mansión. A la derecha, una chica se descalza.

Pero no da nombres. Mientras en la Europa occidental la mayoría de las camgirls trabaja desde su casa, en los países del Este existen estudios profesionales que proporcionan a las chicas habitaciones ya equipadas técnicamente (ordenador, focos…) y herramientas para su promoción y aumento de tráfico. Todo ello, a cambio de una parte de sus beneficios. En algunos foros rumanos se dice que podría haber 700 estudios y más de 40.000 modelos que hablan inglés para atender a un público potencial de más de 150 millones de usuarios en todo el mundo. 

En Europa del Este las mujeres no se conectan desde su casa. En Rumanía hay más de 700 estudios para videochat porno segun el portal chatporno-xxx.com

La persona que gestiona esta mansión de camgirls con nueve chicas es un hombre corpulento de 36 años que se llama Adrian Ionescu. Asegura que muchas de estas mujeres “solo piensan en el presente, no tienen metas en la vida. Deben saber gestionar sus ingresos. Llevo más de diez años en este negocio y todavía no he conocido a una chica que lo haga porque le guste”. Al mismo tiempo, asegura: “Aquí vendemos ilusiones. No es culpa nuestra que haya tanta gente que quiera comprarlas”. Las chicas rumanas lo hacen por necesidad, para sacar adelante a sus familias o pagarse los estudios. Muchas han nacido en familias rurales humildes, sus progenitores han fallecido, están divorciados o tuvieron que emigrar.

Natali ha empezado hace poco. Está contenta: “Era tímida y ahora me siento más segura conmigo y mi cuerpo. Me relaciono con más facilidad, en línea y en la vida real”. Todavía no le ha contado a su familia a qué se dedica. Estar encerrada ocho horas frente a una pantalla de ordenador, aguantando a desconocidos –unos amables y otros no tanto– termina por afectarlas.

En la otra página, tres de las chicas que trabajan en la Webcam XXX de la Mansion descansan en la piscina; y, abajo, Vanessa maneja la cámara; a sus 27 años  es la mayor de la mansión. Arriba, Kendra Blu realiza un ejercicio gimnástico para un cliente. Sobre estas líneas, Natali interactúa con uno de los usuarios.

“No tengo amigos fuera”

“Es muy agotador, tantas horas ‘online’ me impiden hacer otra cosa. No tengo amigos fuera de aquí”, sostiene Vanessa, de 27 años, la camgirl con más edad de esta mansión. Hija de profesores, nació en un pueblo de Transilvania y estudió Administración de Empresas. “Tuve la oportunidad de trabajar en otra cosa, pero me quedé atrapada, ser camgirl’ es una adicción. Los clientes me adoran, algunos se conectan solo para saludarme. Me gusta bailar, mostrarme y ser sexy”.

Todo influye para conseguir que más usuarios quieran quedarse asolas con ellas. Es importante decorar bien la habitación, ponerse unos bonitos estilismos, disponer de una cámara de más calidad, tener actitud, saber comunicar…

Hay usuarios que se enamoran de la camgirl. “Uno de mis clientes  perdió a su esposa hace años y le costaba recuperarse… hasta que me conoció. Ahora es capaz de comprar un ‘show’ privado solo para hacer una cena para los dos, íntima, como si yo le recordase a su mujer”, cuenta Vanessa. Otros les piden matrimonio o las invitan a conocerse en la vida real. Por eso, y por seguridad, no suelen facilitar datos verdaderos. Arianna asegura que una vez recibió una propina de 6.000 euros de un cliente español. “Soy una mujer fuerte y lo que busco es comprarme mi propia casa y un coche”, explica.

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