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7 hábitos que ralentizan tu metabolismo

A veces, cuando queremos bajar de peso adoptamos ciertos hábitos que resultan ser contraproducentes. ¡Comprueba que no estás haciendo esto!
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Para adelgazar, no se trata de matarnos de hambre y obsesionarnos con la ingesta de calorías. El metabolismo es nuestro verdadero enemigo, y hay que aprender a entenderlo y cambiarlo de forma saludable.

Si haces una dieta demasiado estricta, al principio adelgazarás, sí, pero después tu metabolismo se reajustará y, para poder seguir bajando necesitarás comer aún menos. Ni que decir tiene, que esto es verdaderamente insano y, además, solo conseguirás que te produzca el temido efecto rebote.

Con el deporte pasa algo parecido. Al aumentar el ejercicio, nuestro metabolismo se acelera y quemamos más. Sin embargo, si realizamos siempre los mismos ejercicios con la misma intensidad, nuestro cuerpo se acostumbra y necesitaremos aumentar la carga de trabajo para quemar más.

Sin embargo, hay ciertos hábitos poco saludables, relacionados con la dieta, que no conseguirán que aumentes o aceleres tu metabolismo, sino que conseguirán todo lo contrario. ¡Te los contamos!

1. No desayunar

Al comenzar el día sin desayunar, el cuerpo pone en marcha una estrategia de ahorro energético, haciendo que el metabolismo se ralentice.

El cerebro no sabe si el ayuno será por unas horas o por unos días, así que toma las medidas restrictivas más severas. Por eso, si la persona decide almorzar después, la comida será aceptada como excedente y se desviará hacia el "almacén de grasa de reserva", haciendo que la persona engorde.

Además, en esos momentos de ayuno, el cuerpo no utiliza las reservas de grasa para mantenerse, sino que, debido a la hormona cortisol, consume la energía reservada en forma de proteínas en los músculos.

La consecuencia es la pérdida de tono muscular y un cerebro que, en vez de ocuparse de sus funciones intelectuales, se pasa la mañana activando el sistema de emergencia para obtener combustible y alimento.  

2. Tomar demasiada fibra

Seguramente, has escuchado que comer fibra es un hábito saludable, y lo es. Pero, como todo en esta vida, los excesos no son buenos.

El exceso de fibra hace que los alimentos pasen tan rápidamente por tu tracto digestivo que las vitaminas y minerales no alcanzan a ser absorbidos por las paredes intestinales. 

Por otra parte, el efecto positivo de la fibra es que evita el estreñimiento y nos aporta saciedad, por lo que comemos menos. Pero se debe tener en cuenta que a estos productos se les añaden grasas, harina y azúcar, por lo que sólo te ayudarán a adelgazar si realmente te sacian. No serán efectivos para comedores compulsivos, por ejemplo.

3. No dormir lo suficiente

Según un reciente estudio de la Universidad de Stanford (EE UU), las personas que duermen menos de 5 horas, comparado con aquellas que duermen 8, producen mayores niveles de grelina y descenso en los de leptina. La consecuencia más importante de estas alteraciones neuroendocrinas es el aumento del apetito, especialmente por alimentos hipercalóricos y ricos en hidratos de carbono, para intentar sustituir la energía que no se recuperó por la falta de un sueño reparador. Y esto acaba provocando una sobrealimentación y, en último término, ganancia de peso. 

Las últimas investigaciones han demostrado que dormir una hora adicional por la noche ayudaría a controlar la obesidad infantil, manteniendo un índice de masa corporal más bajo y estar menos expuestos a la obesidad los cinco años posteriores.

4. No comer después de entrenar

Podrías estar pensando que saltarse una comida después del entrenamiento te ayudará a quemar más calorías y provocar una mayor pérdida de peso, pero no es la mejor idea.

Una buena comida post-entrenamiento ayuda a prevenir la degradación muscular, repone tus reservas de glucógeno (los hidratos de carbono en las células musculares) y ayuda a que te recuperes más rápido, de acuerdo el especialista de condicionamiento Marc Perry. Y, al recuperarte más rápido, estarás mejor preparado para tu próxima sesión de ejercicios, lo que significa que puedes entrenar más duro y quemar más calorías. Recuperarte lo suficientemente bien incluso puede darte la oportunidad de hacer una o dos sesiones más ejercicio cada semana.

Si no comes, lo único que conseguirás es que el cuerpo recurra a las reservas musculares, al igual que en el ayuno.

Sin embargo, esto no significa que debas tomar un festín, pues si te excedes o te pasas con las grasas, sí estarás engordando y el entrenamiento no habrá servido de mucho, aquí tienes una lista de los mejores alimentos.

5. Tomar café descafeinado

La cafeína es un estimulante del sistema nervioso central que puede acelerar su metabolismo entre un 5% y un 8%, lo que supone un consumo extra de entre 98 y 174 calorías al día.

Una taza de té puede aumentar el metabolismo en un 12%, según un estudio japonés. Los investigadores creen que las catequinas antioxidantes en el té son las que proporcionan ese impulso.

Aquí puedes encontrar más información sobre la cafeína. Ten en cuenta que el exceso no es aconsejable.

6. No consumir (suficiente) proteína

Las proteínas son nutrientes esenciales para la construcción de las estructuras de nuestro cuerpo, el músculo entre ellas. Pero las proteínas también nos ayudan a perder peso por el impacto que tienen en nuestro metabolismo y sus características. Esto no quiere decir que debas hacer una dieta proteica, sino que una ingesta “correcta” de proteínas, o incluso algo más elevada de lo normal, puede ayudarnos con la pérdida de peso.

Las proteínas tienen un efecto saciante sobre el cuerpo, por lo que pueden ayudarnos con nuestra estrategia dietética.

Pero lo más importante es que las proteínas nos ayudan a desarrollar el músculo. Y, a más músculo, más se acelera el metabolismo. Esto no quiere decir que haya que ponerse como Rambo, pero una ligera tonificación puede hacer que consumamos bastantes más calorías diarias.

7. Beber alcohol

Las bebidas alcoholicas más suaves, como la cerveza o el vino, no causan el aumento de peso por sí mimas, ya que un vaso de estas bebidas contiene menos calorías que cualquier otro alimento que solemos consumir a diario.

El problema es el efecto que tienen sobre nuestro metabolismo. El alcohol es energía pura (7 kcal/g) y, como no puede almacenarse en el cuerpo, tiene que oxidarse para convertirse en energía y así eliminarse. Como el cuerpo tiene energía de sobra con el alcohol, se interrumpe por completo la quema de grasas. Digamos que el metabolismo se para y ahora no sólo no quemamos, sino que almacenamos. 

Dos copas pueden reducir la capacidad del cuerpo para quemar grasa hasta en un 73%.

Teniendo en cuenta que cuando tomamos alcohol, muchas veces va acompañado de refrescos, ricos en azúcares, y, además, solemos estar picando algo, más grasa y azúcar almacenamos.

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13 Oct, 2017