7 estrategias que usan los restaurantes

Te contamos 7 estrategias de neuromarketing que usan los restaurantes y que destrozan nuestra dieta y buenos propósitos.
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A todos nos encanta salir a comer o cenar con nuestros amigos pero, cuando estás a dieta, esto se convierte en un auténtico quebradero de cabeza.

Sobre todo, si tus amigos no están a dieta y si estás realmente hambrienta, el estómago y las tentaciones se imponen al cerebro. No pasa nada por saltarse la dieta un día, pero sí es cierto que nos quedamos con una sensación de pesadez y de arrepentimiento que no es nada sana.

Existen ciertas estrategias, relacionadas con el neuromarketing, que utilizan los restaurantes para vender más. Por ejemplo, colocar una barrera para pedir mesa a la entrada, genera la sensación de que es un restaurante con alta demanda y, por tanto, muy bueno y, si no nos ponemos urgentemente a la cola, no conseguiremos mesa. Otros ejemplos son las pegatinas de guías de viaje en la puerta, que no huela a comida, que se vea la cocina desde el comedor, etc.

Pero además, hay otras estrategias que afectan directamente a la carta y el menú y que te empujarán a comer más (y peor). ¡Te las contamos!

1. Uso de imágenes

Como se suele decir, una imagen vale más que mil palabras. Y esto es especialmente cierto si estás hambrienta.

El uso de imágenes en los menús, nos hace decantarnos por platos con imágenes realmente jugosas que, en general, suelen corresponderse con los más grasientos (y más caros) del menú. Por tanto, es importante no dejarse llevar y leer bien la carta y las ofertas.

Ten en cuenta que muchas de estas imágenes están manipuladas por lo que lo más probable es que tu plato no se parezca demasiado al de la foto.

2. Reclamos de salud

Nuestra mente asocia el término "ensalada" con "saludable". Y esto ocurre aunque la ensalada en cuestión esté bañada en salsa y acompañada por enormes cantidades de bacon y picatostes.

De la misma forma, los iconos de plato vegetariano, sin gluten o bajo en carbohidratos, también envían un mensaje saludable o ligero.

Antes de decantarte por una de esas mega-ensaladas, lee bien los ingredientes, ya que podrías estar ingiriendo algo poco nutritivo y con muchas calorías. ¿Otro truco? Quítale algún ingrediente y pídela sin salsa o con la salsa aparte, para poder controlar tú misma lo que echas.

3. Entrantes irresistibles

Leemos las cartas de los restaurantes de la misma manera en que leemos un libro: de izquierda a derecha y de arriba a abajo. Por eso, los entrantes se colocan arriba a la izquierda, para que sea lo primero que veamos y, al terminar la página, volveremos a mirar a esa zona.

Además, las ensaladas, mucho menos apetecibles, se colocan justo debajo, de manera que, una vez que hemos visto los entrantes, ya no podemos pensar en nada que nos apetezca más y es difícil no elegir uno.

¿Un truco? Antes de ir a comer, toma un ligero tentempié (por ejemplo, una fruta o un yogur), para no ir a comer muerta de hambre, pues esto hará que te sea muy difícil, por no decir imposible, evitar las tentaciones. Cuando estamos hambrientos, siempre nos decantamos por platos ricos en grasas, hidratos y azúcares.

4. Todo en una página

Ya no se llevan las cartas con muchas páginas, pues producen aburrimiento y ansiedad, al no saber qué elegir.

Un estudio de la Universidad de Bournemouth, en Inglaterra, ha concluido que, en restaurantes de comida rápida, nos basta con seis elecciones por categoría (entrantes, pollo, pescado, verdura, pasta, carne, hamburguesas y sándwiches, y postres).

En los restaurantes convencionales con siete entrantes, siete postres y 10 platos principales la cosa está resuelta.

Así, nos sentimos más a gusto eligiendo y, al limitar las opciones, recordaremos más fácilmente ese plato que nos hizo salivar en la primera lectura. Además, al tener menos platos a elegir, las opciones saludables serán más reducidas. Probablemente sólo haya un plato realmente poco calórico, que nos resultará muy poco atractivo.

5. Comida con apellidos

Los productos que van acompañados de un lenguaje descriptivo, usando adjetivos como "jugoso" o "tierno", se venden un 27% más y a los clientes les parecen más sabrosos, sin importarles el precio o su valor nutricional.

Además, las frases nostálgicas, como "tarta de la abuela" o "verduritas de la huerta", los términos geográficos, como “cogollos de Tudela”, y los nombres creativos, como "explosión de chocolate, también resultan más atractivos.

6. Platos destacados

Los platos que aparecen destacados como "especialidades", que suelen aparecer en vivos colores y enmarcados, suelen ser más caros y calóricos que el resto y, además, no suelen ser tan "especiales". En muchos casos, también son recetas nuevas que el restaurante está testando.

Compreba si realmente son tan especiales antes de pedirlos y evita pensar con el estómago.

7. Cuidado con los señuelos

Casi todas las cartas contienen ciertos platos-gancho, que son propuestas con tintes exóticos, ya sea por las materias primas o por el cocinado, y que suelen ir acompañadas de unos precios desmesurados.

Además, al lado de ese bistec de wagyu de 100 euros, el chuletón de "solo" 40 te parecerá de lo más razonable y apetecible.

Recuerda, piensa con la cabeza, ¡no con el estómago!

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30 Jun, 2021